La historia de los grandes comerciantes de telas italianos

Estas casas son las que seleccionan las fibras, diseñan los tejidos, trabajan los colores y desarrollan los acabados que conferirán al tejido su tacto, su caída y su carácter. Algunas se han convertido en auténticos referentes en el mundo de la moda masculina, hasta el punto de que, en ocasiones, su mero nombre basta para indicar la calidad de un tejido.

Muchas de las más prestigiosas se fundaron en Biella y sus alrededores, en el Piamonte. Situada a los pies de los Alpes, la región se ha beneficiado durante siglos de un entorno especialmente propicio para el procesamiento de la lana, gracias, sobre todo, a sus ríos. Esta zona se ha convertido, por tanto, en una de las grandes cunas de la industria textil italiana.

A continuación, les presentamos la historia de algunas de las empresas que han forjado la reputación de los tejidos italianos.

 

Vitale Barberis Canonico: más de 360 años de historia

Es difícil hablar de los tejidos italianos sin comenzar por Vitale Barberis Canonico. Su historia se remonta a 1663, año en que se redactó el primer documento oficial que da fe de las actividades de la familia Barberis Canonico en el sector de la lana. Este documento da testimonio, en particular, de la pericia de la familia en el trabajo y el teñido de la lana.

Más de tres siglos después, la empresa sigue siendo de gestión familiar y continúa produciendo sus tejidos en Biella. Esta excepcional longevidad la convierte en uno de los referentes históricos del sector textil mundial.

VBC ha forjado su reputación, sobre todo, gracias a una amplia gama de tejidos para hombre: tejidos formales, clásicos y versátiles, así como materiales más contemporáneos y tejidos de temporada.

Para un traje destinado a un uso habitual, una lana Super 110, por ejemplo, constituye una opción especialmente versátil. A medida que aumenta el número de hilos, la fibra se vuelve más fina y el tejido puede resultar más ligero y suave, pero también más delicado. Por el contrario, las lanas más gruesas pueden ofrecer mayor durabilidad, textura y calidez.

 

Loro Piana: cuando el tejido se convierte en algo excepcional

La historia de Loro Piana se remonta mucho antes de la creación de la empresa tal y como la conocemos hoy en día. La familia Loro Piana se dedicaba al comercio de la lana desde principios del siglo XIX, antes de que Pietro Loro Piana fundara oficialmente la empresa en 1924 en Quarona, Piamonte.

La empresa se fue labrando poco a poco una reputación por trabajar con los materiales más preciados y delicados. Cachemira, lana merina extrafina, vicuña… Loro Piana ha construido su identidad en torno a una búsqueda constante de materiales excepcionales.

De hecho, este es uno de los ejes fundamentales para un fabricante textil como Loro Piana: más allá del mero color o estampado de un tejido, es todo el proceso de investigación de la fibra, el hilo y el tratamiento del material lo que determina el resultado final.

Esta filosofía explica por qué el nombre de Loro Piana se extiende hoy en día mucho más allá del mundo de los textiles para convertirse en un auténtico referente del lujo.

 

 

Cerruti: de los tejidos a la moda

En Cerruti, la historia comienza en 1881, cuando el abuelo de Nino Cerruti, Antonio Cerruti, fundó una empresa textil en Biella.

Cuando Nino tomó las riendas del negocio familiar en 1951, con tan solo 20 años, lo llevó poco a poco a nuevas cotas. Modernizó la producción y pronto se dio cuenta de que ya no bastaba con limitarse a fabricar tejidos bonitos: también debía tener en cuenta cómo se llevarían puestos.

Por ello, en 1957 fundó Hitman y comenzó a producir ropa de hombre. Este fue un hito significativo, ya que Cerruti pasó gradualmente de ser un comerciante de telas a convertirse en un auténtico actor de la industria de la moda.

Diez años más tarde, en 1967, Nino Cerruti abrió su boutique en la Place de la Madeleine de París y lanzó su propia marca de prêt-à-porter masculino de alta gama. Así nació Cerruti 1881.

Lo que siguió fue la evolución de una casa de moda que ampliaría gradualmente sus horizontes: colecciones de ropa femenina, fragancias y numerosas colaboraciones con el mundo del cine. Esta trayectoria distingue a Cerruti de muchas otras casas textiles de Biella: aquí, el tejido se convierte en el punto de partida de un auténtico lenguaje estilístico.

 

Reda: el legado como laboratorio

Reda es otra gran casa histórica de Biella. Su historia comenzó en 1865, cuando Carlo Reda convirtió una antigua fábrica textil de Valle Mosso en una hilandería de lana.

En 1919, la fábrica pasó a manos de los hermanos Botto Poala, cuya propia familia procedía de una larga tradición en la fabricación textil. Esto marcó el inicio de una nueva historia familiar que continúa hasta nuestros días.

Desde entonces, Reda ha desarrollado una identidad con un marcado enfoque en la innovación. La empresa conserva unas sólidas raíces industriales y artesanales, al tiempo que concede gran importancia a la investigación y al desarrollo de nuevos materiales.

Su trabajo con la lana merina es un buen ejemplo de ello: ya no se trata simplemente de reproducir tejidos tradicionales, sino de buscar constantemente nuevas características de rendimiento, nuevas texturas y nuevos usos.

Es precisamente esta capacidad de aunar la tradición textil y la innovación lo que permite a Reda seguir siendo relevante en un vestuario masculino en constante evolución.

 

Zegna: cuando el comerciante de telas se convierte en una casa de moda de lujo

Zegna ocupa un lugar único en esta historia. Fundada en 1910 en Trivero por Ermenegildo Zegna, la empresa comenzó como fabricante de tejidos con una ambición muy clara: producir los tejidos de mayor calidad posibles.

Desde el primer momento, Ermenegildo Zegna se propuso controlar la calidad de sus materiales seleccionando las fibras directamente en sus países de origen antes de someterlas a procesamiento en Italia. Este enfoque ya presagiaba la estrategia de integración vertical que se convertiría en uno de los principales puntos fuertes del grupo.

A partir de la década de 1960, Zegna fue ampliando gradualmente su actividad al sector de la moda masculina. En 1968, la empresa inauguró su primera planta dedicada a la confección, antes de ampliar su red internacional en las décadas siguientes.

Esta evolución convertiría a Zegna en una auténtica casa de lujo: el grupo ya no se conformaba con limitarse a fabricar tejidos para terceros; ahora controlaba gran parte de la cadena de suministro, desde las materias primas hasta la prenda acabada.

Esta transformación se sustentó en una estrategia internacional. Tras las tiendas de París en 1980, Milán en 1985 y Tokio en 1989, Zegna abrió una boutique en Pekín en 1991, convirtiéndose en una de las primeras marcas de lujo en establecer una presencia directa en China.

Aún hoy, los tejidos siguen siendo el núcleo del modelo de Zegna, pero constituyen la primera etapa de una cadena de suministro mucho más amplia, que abarca desde la fibra hasta el producto acabado.

 

Biella, una región que se ha convertido en un referente

VBC, Loro Piana, Cerruti, Reda, Zegna… Estas casas no comparten la misma historia, ni exactamente las mismas especialidades, ni el mismo posicionamiento en el mercado. Sin embargo, comparten una región y un legado comunes: los de Biella y su excepcional tradición textil.

Esto es también lo que hace que el trabajo de un comerciante de telas resulte tan fascinante. Al elegir un traje, uno no se limita a seleccionar un color o un estampado. Uno elige una fibra, un gramaje, una textura, un tejido, la forma en que refleja la luz y, sobre todo, cómo envejecerá la prenda con el paso del tiempo.

El corte confiere al traje su silueta. El tejido le da su carácter.

Y cuando se comprende la historia de estas grandes casas de moda italianas, se comprende por qué la elección de un comerciante de telas dista mucho de ser un mero detalle.

 

Artículo escrito por @yves_dron

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